Suena, suena,suena en la esper pero apenas escucho. Me presento frente a un enorme reloj que marca unas horas intocables que profundizan en la esencia temporal. El tiempo vago, el tiempo inmutable, el tiempo que, echado a perder, carece de importancia física pero genera espontaneidad emocional. El sorprendente sonido de la nada me inspira a llenar páginas en blanco con palabras en blanco. El grafito raspando la franja sin cesar, la mesa tambaleando al son de mi música, el corre y corre de mis pestañas al compás del tiempo... Inexplicables estruendos de mi emoción momentanea que alguna vez perdí.
Y es así que me encuentro, rodeada de una música sorda que, prestándole tiempo, dice más que lo que puedo entender hablando.
20/dic/2011
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